Huelga para defender los privilegios de la enseñanza pública

Recuerdo que cuando mi hijo era pequeño lo llevé a un colegio público donde había dos profesoras para veinticinco niños y a veces tres, lo que supone que una se dedicaba principalmente a afilar los lápices. Trabajan menos horas que nadie y ganan más que en la enseñanza privada, tienen más vacaciones y se cogen bajas cuando les parece.

Y todavía se creen con derecho a hacer huelga, sabiendo que los máximos perjudicados son los estudiantes, especialmente los del último curso que preparan la selectividad. Pero les da lo mismo porque parece ser que los alumnos son lo último que les interesa. Antes están sus privilegios, mantenidos a costa de lo que sea y de quien sea.

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