La soledad de una antiabortista

Hoy me siento especialmente triste y decepcionada. Cuando ya parecía que la sociedad empezaba a aceptar la realidad científica, es decir, que un feto es un bebé por nacer; resulta que vuelven a la carga los criminales (no puedo llamarles otra cosa) que siguen defendiendo el exterminio de seres humanos indefensos. No entiendo cómo personas relativamente normales pueden considerar un derecho la posibilidad de matar a una persona en el vientre de su madre.

No sé si veremos el día en que este horrible crimen sea cosa del pasado. Probablemente no. Pero, hasta el día en que no pueda utilizar un teclado, pienso dedicar todos mis esfuerzos a hacer saber que no estoy de acuerdo con el aborto, que me parece una atrocidad y que no hay justificación alguna para cometerlo. Habrá más días en que las lágrimas fluyan de mis ojos, pero no por eso voy a abandonar a esos pequeños.

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