No en España al menos, donde algunas personas se empeñan en resucitarlo cada poco tiempo. Están los llamados “artistas” que se enriquecieron en el antiguo régimen, los políticos de la izquierda más apolillada y una multitud de jóvenes atraídos por proclamas de otro siglo. Esos indignados empezaron siendo un signo de descontento social pero que, curiosamente, nunca fue contra el gobierno sino contra el sistema.
Ya desde sus comienzos se veía que estaban siendo manipulados por esa izquierda radical incombustible que todavía no ha asumido el fracaso de su proyecto en la Segunda República, seguido por la caída del régimen soviético. Esa izquierda que aún se aferra a la Cuba de Castro como si fuera un paraíso y no un signo de la decadencia en la que acaban todos los regímenes comunistas que en el mundo han existido. No sé si alguna vez veremos el final de esta lacra.



