Es sabido que existen los hermafroditas, fruto de un parto gemelar frustrado, aunque son casos rarísimos. También hay algunas personas que, pareciendo hombres tienen dos cromosomas x o viceversa, pero también son excepciones muy extrañas. Lo cierto es que lo habitual es que cada cual se identifique con el sexo con el que vino al mundo, es decir con sus órganos sexuales internos y externos. Otra cosa son las patologías mentales. Por desgracia no se hace un examen psiquiátrico a los padres y, aunque así fueran, no les podrían prohibir tener descendencia, pero al menos podrían ponerles un tratamiento en ciertos casos. En fin, lo veo difícil tal como están las cosas.
Toda la vida han existido parejas que deseaban tener un hijo varón o hembra y, al haber sido contrariados por la naturaleza, han decidido tratar a su hijo o hija como si fuera del sexo contrario. De siempre se conocen casos de niños vestidos de niña y niñas a quienes se obligaba a actuar como niños. También mujeres solas que, habiendo tenido malas experiencias con el género masculino se empeñaban en reprimir todo comportamiento de ese tipo en sus hijos varones. Luego están los propios problemas de acoso o violencia sexual que hayan podido sufrir esos niños. La consecuencia es que ya no saben a qué sexo pertenecen. Para estos casos existen tratamientos psiquiátricos muy eficaces.
Sin embargo, en este mundo desquiciado en que vivimos ahora se aplaude que los padres apoyen a sus hijos en la decisión de operarse para un cambio de sexo, sin tener en cuenta las razones que les pueden haber llevado a ello o la posibilidad de que se arrepientan en un futuro, que de hecho ya se ha dado.


