Sin la menor intención de justificar lo injustificable, creo que es necesario ver los hechos de la historia dentro de su propio contexto. Ahora ha salido la luz el maltrato que sufrieron miles de huérfanos en Australia a manos en entidades civiles y religiosas. Estamos hablando de la posguerra, de millones de niños huérfanos de los cuales el estado no podía hacerse cargo. Hablamos por supuesto de gente sin escrúpulos, como ha habido y habrá siempre.
Pero querer extrapolar, como de costumbre, la situación al día de hoy, cuando en estos países apenas existen ya huérfanos y hay unas redes sociales muy capaces; y, sobretodo, querer utilizarlo, cómo no, para atacar una vez más a los religiosos, es una injusticia. Aunque no tengo tanta información, dudo mucho de que la Iglesia católica estuviera al tanto de la situación y, sin embargo, sí la conocían una parte de la sociedad australiana, porque situaciones desesperadas a veces propician medidas aberrantes. Allá cada cual con su conciencia.

