El silencio de las viudas

Las viudas del terrorismo ya se han callado demasiado tiempo. Es el colmo del cinismo que ahora los nacionalistas pretendan hacerlas callar de nuevo. Por cada atentado etarra han quedado familias enteras destruídas, cónyuges, hijos, padres y hermanos, cuyas vidas nunca volverán a estar completas sin ese ser querido que les han arrebatado por la fuerza. El único consuelo que les queda es hablar de ello y ahora pretenden también privarles de ese derecho.

Durante treinta años los han tenido amordazados, como si tuvieran alguna culpa o algo de lo que avergonzarse. Sus vecinos les han retirado el saludo; sus propios compañeros de clase. Se aprovechan de que son buena gente y no quieren ponerse al nivel de los asesinos. En el País Vasco no hay violencia, hay terrorismo; no son violentos, son criminales; no hay que convencerlos, hay que encarcelarlos. Nunca conseguirán que dejemos de repetir estas palabras.